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jueves, julio 12, 2018

Dublín

Visitando Dublín

A pesar de no contar con un clima muy favorable, Dublín es una ciudad digna de ser visitada. Una vez que has llegado al aeropuerto, la mejor manera de trasladarse al centro es comprando la tarjeta de viaje DoDublin, que te dará transporte por 72 horas, incluido el viaje desde y hasta el aeropuerto. Con esa tarjeta se abordan unos buses verdes, que además hacen una ruta turística por la ciudad con paradas en los sitios de interés. El precio es de 35 euros para adultos y 10 euros para los niños menores de 14 años y se puede comprar en línea o directamente en el aeropuerto.

En el centro de la ciudad, se encuentra O'Connell Street. Una calle llena de monumentos, tiendas y restaurantes. Tiene una calle central dividida por una arboleda y dos calles paralelas, lo que facilita el transporte de los autobuses. Es una bonita zona para caminar y un buen punto de partida para visitar la ciudad. En el centro se encuentra "the Spire" o monumento de la luz, que es como una aguja gigante de acero inoxidable de 120 metros de altura que se puede ver desde casi toda la ciudad. 



Una de las zonas que más llama la atención en el centro de Dublín es la del Temple Bar, que está llena de bares, pubs, restaurantes, músicos... una zona muy bohemia donde se puede tomar una cerveza y comer, dando un paseo por Grafton Street.

En general hay mucha gente paseándose por aquí y disfrutando del ambiente de la zona.



Y hablando de cerveza, Dublín es la casa de la famosa cerveza Guinnes y una visita a la fábrica es obligatoria. Es una fábrica museo, donde se puede ver todo el proceso desde la selección de los cereales, el agua que se utiliza, etc. luego, si estás en edad para beber, te dejarán pasar a un salón donde te enseñarán a degustar la negra bebida a la temperatura adecuada, así como a distinguir los diferentes aromas que se encuentran en ella. Es una experiencia bastante interesante. 

La entrada a la fábrica incluye una bebida, que generalmente es una pinta de cerveza y se puede consumir en el Gravity Bar, en el séptimo piso, que tiene una vista panorámica de la ciudad.

En Wood Quay se encuentra la Catedral de San Patricio, Patrono de Irlanda. De arquitectura gótica, se construyó junto a un pozo en el que según la leyenda, San Patricio bautizaba a quienes se convertían al cristianismo. Inicialmente, en el Siglo V era una iglesia de madera y en 1191 se decidió construirla en piedra. En el año 1200 se inicia la construcción de la Catedral actual y se finaliza en 1270. Durante los siglos ha tenido diferentes renovaciones, pero se ha logrado preservar la esencia histórica del edificio. 

La Catedral de San Patricio también es famosa por su coro, que data de antes de 1742, cuando ese coro, junto con el de la Catedral de Christ Church, interpretaron por primera vez el Mesías de Handel. La de San Patricio es actualmente la única Catedral de toda Irlanda y Gran Bretaña cuyo coro canta dos misas al día. Le recomiendo hacer la visita cerca de la hora de la misa, para que lo puedan disfrutar.

Otro dato interesante, es que en esta Catedral se encuentra la tumba de Jonathan Swift, quien fue decano de la Catedral y también fue famoso por su libro "Los viajes de Gulliver".

Y ya que mencioné la Catedral de Christ Church, también conocida como la Catedral de la Santísima Trinidad, también les recomiendo su visita. Al igual que la Catedral de San Patricio, inició como un pequeño templo de madera creado por el rey vikingo Sitric, en 1038. en 1172 comenzó la construcción de la actual iglesia, un proceso que se extendió hasta el siglo XIII. En 1562 la bóveda de la Catedral se cayó y destruyó gran parte de la nave sur, la cual fue reconstruida durante el siglo XVII. En 1871 y 1878 se restauró totalmente y aunque intentaron conservar al máximo su aspecto medieval, sufrió tantos cambios que se finalizó con un estilo neogótico. Cuenta con 19 campanas, una de las cuales data del año 1038

Debajo de la iglesia hay una enorme cripta del siglo XII (que es la estructura más antigua de Dublín que aún se mantiene en pie) y ahí se pueden mirar algunas exposiciones, comprar recuerdos en su librería o incluso tomar un café. 

el puente que se mira desde el exterior, une a la Catedral con el Synod Hall, donde hay exposiciones vikingas de "dublinia". 

Cerca de esta catedral se encontraba el Music Hall, sitio donde en 1742 se cantó por primera vez el Mesías de Handel. Desgraciadamente en la actualidad lo único que queda de ese importante evento, es una placa difícil de encontrar, en la pared de un hotel.



Casa de Oscar Wilde
El Barrio de Merrion Square se caracteriza por la limpieza, el orden y por el color de las puertas de sus casas. Hay muchas puertas muy coloridas que se pueden apreciar al rededor de la plaza e incluso una puerta que, a pesar de ser famosa, no es nada colorida. Es famosa porque en ese sitio vivió Oscar Wilde de 1855 a 1878.

En el parque cercano, hay también una estatua en memoria del famoso poeta. Es una visita obligatoria cuando estás en Dublín.


"Be yourself; everyone else is already taken" o "I can resist everything except temptation" son algunas de sus frases más famosas.


No menos famoso es el Trinity College de la Universidad de Dublin. Reconocida a nivel mundial por su excelencia académica y su campus se encuentra localizado en el centro de Dublín. Es una de las universidades más antiguas del mundo. Vale la pena visitar la Antigua Biblioteca y el libro de Kells; un manuscrito ilustrado con motivos ornamentales, realizado por monjes celtas cerca del año 800 en Kells, un pueblo de Irlanda. Está escrito en Latín y contiene los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento.




En fin, que Dublín es una ciudad en la que se encuentra de todo, antigua y moderna a la vez, con gente muy amable. Los hoteles son algo caros (si se hace la relación calidad/precio) pero vale la pena el sacrificio. A no ser que tengas mucho dinero y entonces te hospedes en el hotel de Bono el de U2 (quien a menudo se aparece por ahí y toca para los huéspedes). 








lunes, abril 16, 2018

islandia

Islandia!

Tierra de agua y fuego, Islandia es un país maravilloso con paisajes que te quitan la respiración y en el que te dan ganas de parar cada 100 metros para contemplar algo nuevo y diferente.

Hay varias cosas que debemos tomar en cuenta a la hora de decidirnos a viajar a Islandia: creo que la primera y más importante, es el precio de las cosas, ya que es un país con un IVA del 24 por ciento, lo que encarece muchísimo el consumo (una sopa de tomate, por ejemplo, cuesta cerca de 17 euros); otro de los datos a tomar MUY en cuenta, es que la población de Islandia es menor a 400.000 personas, por lo que no hay muchos pueblos y por lo tanto, casi no hay servicio de bus regular de una ciudad a otra, entonces, no queda otra que o pagar cientos y cientos de euros en tours, o alquilar un carro.

Una vez que hemos alquilado el carro hay que decidir si queremos hacer el "golden ring", una ruta de unos 1 800 kilómetros alrededor de la isla, o si nos decidimos a visitar únicamente una parte del país. Yo opté por lo primero y durante una semana estuve conduciendo por toda la isla. Pros y contras? pros: se ve muchísimo del país; contras: se pasa muchísimo tiempo conduciendo y en algunos sitios solamente ver nieve a un lado y otro de la carretera.

Mi primer trayecto fue de Keflavik, donde está el aeropuerto, hacia Hella donde estaba mi primer hotel y donde decidimos pasar una noche. Una forma de abaratar los costos es usar hostels para hospedarse, así que les recomiendo el Kanslarinn Hostel en Dynskálar, Hella. Por un módico precio te dan una buena habitación con baño compartido y un desayuno estilo inglés muy muy bueno. Como un plus, el personal es sumamente amable.

Este trayecto fue como para poner pies en la tierra, pues entre la salida del aeropuerto y la llegada hasta ahí (poco más de 100 kms) se nos va el día.


A 35 kilómetros de Hella, siguiendo nuestra ruta, pasamos por þórsmerkurvegur, donde pudimos ver una serie de cascadas además de unas casitas (que se pueden mirar a lo largo de toda esa zona) cubiertas con paja. Muy bonito :-)

Para llegar a esas cascadas hay que salirse unos 300 metros de la carretera principal. Un tip ahorrativo: se llega a un parqueo de pago; al lado del parqueo hay un puente y la carretera continúa. Unos 75 metros después del puente, hay un parqueo gratuito. Así que a seguir un poquito más y a ahorrarse unas cuantas coronas, que nos serán muy útiles en cualquier otro momento.

Luego de esa paradita en þórsmerkurvegur continuamos nuestro camino admirando el paisaje, que se me antojaba espectacular. La verdad, como dije antes, daban ganas de parar a cada rato para admirarlo todo. Nosotros lo hicimos 25 kms después que paramos en Rútshellir para mirar un establo construido dentro de una montaña, que por supuesto, tenía el techo cubierto de paja. Por cierto, Islandia es muy conocido por sus caballos enanos, casi como ponies, por eso hay muchos establos a la orilla del camino en gran parte del país y claro, miles y miles de esos ponies.

A 6 minutos de ahí, simplemente nos quedamos con la boca abierta al ver una catarata muy grande
con un arcoiris permanente. Estábamos pasando frente a Skogafoos. De nuevo, a salirnos del camino para ir a admirar esa belleza de la naturaleza. 

Aquí "topamos" con suerte, pues el parqueo era gratuito, aunque había que pagar para usar los baños (había una alcancía donde uno depositaba unas monedas después de haber hecho el depósito principal).

Es una zona amplia para caminar e incluso hacer un picnic si uno lo desea. También hay unas gradas que lo llevan a uno a la cima de la catarata. Yo no las subí porque eran de barro (literalmente) y había que subir agarrándose de una cadena. Digamos que no me sentía tan aventurero como para hacerlo.

En todo caso, vale la pena hacer una para ahí y buscar el momento en el que no haya 50 chinitos tomándose 50 fotos cada uno, para lograr tomar una foto sin gente :-)

A un par de kilómetros de ahí vale la pena hacer una parada para admirar las montañas que están detrás de esa catarata. 


30 kilómetros más adelante, llegamos a Dyrhólaey. uno de los lugares que más ganas tenía de ver, pues me encantan los acantilados y los faros, así que era como la combinación perfecta. El camino no es de lo mejor, pero la vista vale la pena el sustillo de subir por ahí y de que un loco te adelante por la derecha, en curva, mientras vas cuesta arriba. Un par de madrazos después llegamos a la cima y nos quedamos sin respiración al admirar esa vista.














Después de hora y media de conducir sin parar para no llegar tan tarde a nuestro próximo hotel, paramos un momento en Skaftárhreppur para admirar otra cascadita que estaba al lado del camino. 

Por supuesto, no era la única que habíamos visto pues por todo el camino se ven lagunas, laguitos, pequeñas cascadas, rocas de formas redondeadas cubiertas de paja...

Continuamos por aproximadamente hora y media, hasta quedar de nuevo con la boca abierta:
estábamos pasando al lado de un lago de glaciar (Jökulsárlón) con icebergs flotando y todo, solamente le faltaban unos osos polares o focas! jajajaja. Por supuesto, había que parar para admirar esa belleza, a pesar el frío que hacía. Por cierto, en ese lago es prohibido pararse en los icebergs, nadar, intentar caminar sobre los trozos de hielo, etc. Me imagino que habrá más de una estrella que lo intente!

Sí, la foto que no le hace justicia. Estoy seguro de que encontrarán montones de mejores fotos en google, pero me gusta usar las fotos que tomo yo, así que deal with it!

Y bueno, después de muchas paradas y varias horas en el camino, por fin llegamos (ya de noche) a nuestro siguiente destino donde pasaríamos un par de noches: Djúpivogur. Un pequeño pueblito con un único restaurante (el del hotel) pero que está muy bien ubicado para usarlo como base por unos días. 

Ahí está el Framtid, que tiene hotel, hostel y lugar de camping. Yo opté por el hostel, con una bonita habitación con baño compartido por un muy buen precio. Además, tiene una cocina completamente equipada, donde se puede preparar un café, un té, o una cena completa. El personal de este hotel es excepcional. Ellos se aseguraron de que nos sintiéramos como en casa y nos dieron muchos tips sobre qué hacer, qué visitar... aunque al mesero no le hizo mucha gracia que no visitáramos la playa de arena negra, por más que yo le expliqué que en Costa Rica tenemos kilómetros y kilómetros de playas de arena negra ;-)

Como dije, Djúpivogur es ideal como base para trasladarse a otras zonas cercanas. Relativamente de ahí hay varios fiordos que vale la pena mirar y admirar. También hay, por supuesto, varias cascadas. Nos decidimos por visitar Djúpavogshreppur. Paramos antes en el camino para hacernos fotos en la vía prácticamente solitaria, donde solamente estábamos nosotros y un grupo de renos salvajes que estaban pastando al lado de la carretera.

Esta zona ya forma parte de uno de los fiordos: berufjörður, así que de nuevo teníamos bellos paisajes de acantilados y mucha agua por todas partes.


En Djúpavogshreppur subimos la montaña y aparcamos para caminar por

ahí y mirar las cascadas, pero hacía mucho viento y mucho frío y las cascadas no se miraban tan espectaculares, entonces después de unas cuantas fotos, decidimos devolvernos.


Cuando íbamos bajando nos llevamos una sorpresa: una cascada que no habíamos visto mientras íbamos subiendo, así que valió la pena el frío que pasamos ahí arriba. De nuevo la foto no le hace justicia, pero es lo que hay.

Por cierto, esa zona durante la noche es bastante oscura, ideal para mirar las auroras boreales si el cielo lo permite, claro, porque en nuestro caso estaba bastante nublado, así que no pudimos ver las auroras desde ahí.






La verdad es que esta zona es una maravilla para tomarse fotos, admirar el paisaje o caminar por ahí. Yo lo disfruté muchísimo y lo recomiendo.

Ahora, si usted quiere hacer solamente una parte del recorrido en vez de darle la vuelta a la isla, yo le recomiendo que se quede en esta zona, mire todo lo que pueda y se devuelva a Reikiavik. Yo seguí mi camino para darle toda la vuelta!

Nuestra siguiente ruta sería de 350 kms, del este al norte de Islandia. Mucha nieve en el camino, pero también muchos paisajes bellísimos. Nos pasamos prácticamente todo el día conduciendo y parando para hacer fotos. 

Aquí es mejor prepararse un poco con frutas, galletas, bebidas y algún sandwich o burrito, pues no hay mucho sitio donde parar para comer. Los descansos al lado de la carretera son solamente un pedacito de parqueo, sin aseos, ni nada por el estilo.


Unas tres horas y media después de haber dejado Djúpivogur y justo antes de llegar al lago Mývatn, paramos en Námafjall Hverir, donde miramos muchas fumarolas y "pailas" de barro hirviendo. Por supuesto el olor a azufre era bastante fuerte y de ahí en adelante nos acompañó el resto del viaje, porque la ropa tomó ese olor, y bueno, también porque el agua caliente que usan en Islandia viene de fuentes naturales, que generalmente están cargadas de azufre.




Un poco más adelante, me encontré con uno de los cráteres más impresionantes que he visto. Ayudaba mucho que había nieve, pues le daba un look más bonito:


Siguiendo y siguiendo y después de haber parado en el camino para calentarnos con una sopita, llegamos a uno de los lugares que más quería ver: Goðafoss, o la cascada de los dioses. una vista increíble, pues uno llega a la parte alta de la catarata y como viajé al final del invierno, todavía había mucha nieve por ahí.  
Goðafoss
Y bueno, después de conducir casi todo el día, llegamos a la capital del norte: Akureyri. Una ciudad del mismo tamaño o un poco más grande que Reikiavik, pero eso sí, más moderna.
Vista de Akureyri
En Akureyri usamos como base el Akureyri H.I. Hostel. Un do-it-yourself hostel donde no había nadie en la recepción. Te dan un código para entrar al edificio y dentro encuentras un sobre con tu nombre y los datos de tu habitación. Al final hay que recoger toda la ropa de cama y dejarla en un canasto que está afuera en un pasillo. Está bien de precio, muy bien ubicado y también tiene una cocina completamente equipada donde uno puede prepararse sus alimentos.

Akureyri es llamada la capital del norte y es la segunda ciudad en importancia después de Reikiavik. Hay una gran cantidad de restaurantes y bares, así como estaciones de ski, piscinas públicas, muchas tiendas... en fin, que se puede pasar mucho tiempo por esa zona.

Al día siguiente de haber llegado a Akureyri nos dimos un paseo por siglufjörður. Un pueblito de
pescadores que está ubicado en un pequeño angosto fiordo. La verdad es que a pesar de no ser muy grande, es un pueblo muy bonito y colorido, con unos paisajes impresionantes. Desde Akureyri se tarda aproximadamente una hora en un camino con unas vistas muy bonitas. Nosotros incluso tuvimos la suerte de ver ballenas nadando en uno de los fiordos mientras íbamos conduciendo. Por supuesto que nos tocó parar para ver el espectáculo y luego continuamos el camino.
Siglufjörður



Ya de vuelta en Akureyri y después de cenar, buscamos un sitio oscuro y nos dispusimos a esperar que aparecieran las auroras boreales. Casi durante todo nuestro recorrido el cielo había estado muy nublado durante las noches y esa noche se aclaró un poco y pudimos ver tres auroras boreales muy tenues y leves, pero ahí estaban para nosotros. Le deseo mejor suerte a quien decida ir a casarlas, porque a mí me hubiera encantado ver más.

El final de nuestro viaje de una semana por Islandia se estaba acercando. Empezamos el regreso a Reikiavik, recorriendo varios cientos de kilómetros con mucha nieve (y ponies) al rededor. Gran parte de este trayecto, así como el que nos había llevado a Akureyri, se hace por rutas que, a inicios de la primavera, continúan completamente nevadas, por lo que se hace necesario conducir con mucha precaución. Lo de los ponies es muy interesante, ya que se ven por toda la isla. En realidad, aunque se les llama ponies, son una especia autóctona de caballos que los islandeses cuidan con mucho celo. Por ejemplo, si uno de esos caballos es sacado de Islandia, no podrán volver a ingresar a la isla para evitar la propagación de cualquier enfermedad que haya podido adquirir afuera. Esos ponies se utilizan para las labores en el campo, para transporte y para comida.
Reikiavik
Llegamos a Reikiavik al final de la tarde y nos fuimos a cenar y a caminar por la ciudad. Al igual que
Catedrak de Reikiavik
Akureyri, hay una gran variedad de restaurantes, bares y pubs para todos los gustos. En el centro destaca la calle bankastræti que está llena de tiendas de todo tipo. Desde ahí se toma la calle 
Skólavörðustígur que nos lleva hacia la Hallgrimskirkja, la catedral moderna de Rekiavik que también es el edificio más alto de la ciudad con su impresionante torre.

Rekiavik tiene gran cantidad de parques para visitar y muchas callecitas llenas de sorpresas para admirar. La arquitectura es muy particular, como en el resto de Islandia y muchas de las casas en vez de tener paredes exteriores de madera o de concreto, están forradas en láminas de zinc, que luego pintan en colores fuertes como azul, verde, amarillo y rojo.

Al final de la tarde mucha gente visita la zona de Gròtta (a 5 minutos del centro) donde hay poca luz, lo que permite, cuando están disponibles, ver las auroras boreales. 

La zona de Gròtta es muy bonita. Tiene una playa, un faro y un rompeolas. Por otro lado es muy ventosa y debido a esto, una zona bastante fría. Eso no impide que cada noche decenas de carros se aparquen ahí ya sea para esperar las auroras boreales, para escuchar música o para admirar el paisaje y los atardeceres.

Faro de Gròtta al atardecer
A hora y media de Reikiavik se encuentra Geysir. Un parque donde se puede admirar el géiser del mismo nombre. Hay muchas fumarolas, pailas de barro hirviendo y el famoso géiser que hace su "show" cada 3 o 4 minutos, lanzando un gran chorro de agua caliente (entre 80 y 100 grados centígrados) al aire. Un espectáculo muy interesante.



Con nuestra visita a Geysir terminamos nuestro recorrido por Islandia. Una experiencia que vale la pena repetir!

Si te decidís a hacer este recorrido te recomiendo que una vez llegar a Islandia, pares en el primer supermercado y compres provisiones como frutas, galletas y panes ya que hay trayectos muy largos en los que no se encuentran sitios para comer. También hay que tomar en cuenta el factor precio a la hora de optar por un restaurante, porque la comida es realmente cara. 

Espero que lo disfruten!

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